Descripción
El monje errante salió de su abadía en el ciberespacio en el que era prior, formador de los innumerables monjes que la poblaban, hasta que un día en la noche de los sueños se produjo el incendio devastador forjado por el propio Espíritu que todo lo organiza. Sin la citada seguridad de sus muros, el monje prior se convirtió nuevamente en libertad. Libertad como fruto del Misterio de su Dios, el Cristo que una vez muerto surgió hiper exaltado por el Padre hasta convertirse en Señor del cosmos y de la historia de los hombres. En libertad, fruto de la desgracia, el monje errante vaga por los senderos forjados por las amapolas que bordean el destino. Así, animado por el Espíritu, se sabe que muchos otros –quizás usted mismo– se dejan arrastrar por el flujo permanente de la única y eterna verdad del hombre: Dios mismo. Si las palabras que contienen estas páginas son reconocidas por cada uno de ustedes, este carisma es el suyo, al igual que el mío. Somos, entonces, monjes errantes de las veredas forjadas por las eternas amapolas, preámbulo estas, a la eternidad reconocida en el ahora.





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